Condiciones mínimas para divulgar “tomalaplaza” en Berlín

Publicado: 25 mayo 2011 en #takethesquare, Castellano
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En los últimos días se ha hablado desde 15demayo.info de un consenso de mínimos centrado en tres puntos, que constituye un buen punto de partida para empezar a hablar. Todas las cuestiones que se plantean están lógicamente centradas en la problemática actual del estado español.

Nosotros estamos intentando mantener con vida en otro país el movimiento que ha surgido la semana pasada. Eso nos hace ser conscientes de las grandes diferencias que hay entre la ciudad en que vivimos (Berlín) y los lugares de los que venimos. Si a eso se le añade que una de las motivaciones de muchos para embarcarnos en este proyecto ha sido la rabia por no estar allí y la inquietud por buscar un modo de apoyar el movimiento desde aquí, nos hace colocarnos en un momento dado (el lunes pasado) ante una disyuntiva: ¿Qué es lo que queremos?

A grandes rasgos se puede decir que hay dos posturas: o centrarnos sólo en España porque es donde venimos y donde queremos volver; o intentamos hacer algo aquí en Berlín similar, desde lo que poder aportar a lo que se está haciendo en cada una de nuestras ciudades. Y al plantearnos algunos esto último y ver la curiosidad de los alemanes por todo este movimiento, también nos planteamos: ¿debemos trabajar con alemanes? ¿Cómo?

Nuestra situación particular de migrantes en un país que conocemos a nuestra manera y siempre desde nuestra condición de ciudadanos con origen distinto al de nuestros vecinos aquí nos hace situarnos, creo, en un lugar que no es ni Sol, la Plaza de Catalunya… ni Berlín. Queremos aportar cosas allí, pero a la vez somos conscientes de que estamos aquí y de que nos cuentan que no todo está bien por aquí tampoco, que esto es un problema a gran escala.

Muy bien, nos decimos entonces, el problema es global. Pero entonces, ¿qué hacemos con los mínimos que se están empezando a debatir por ejemplo en Sol? ¿Los podemos aplicar aquí sin más? No, evidentemente.

Analizando y reflexionando todo esto a nivel personal, y siendo consciente de que el problema es efectivamente global, me he dado cuenta de que hay otro punto de partida de mínimos sobre el que tenemos que reflexionar desde nuestra particular posición.  Creo que hay otro aspecto que tampoco deberíamos dejar de transmitir ni de descuidar: de la misma manera en que hablamos de un consenso de mínimos, deberíamos pensar también en unas condiciones mínimas para plantearnos ese tipo de consenso (consenso que indefectiblemente estará ligado al lugar en el que nos situemos, y desde o para el que pensemos soluciones).

Volviendo a lo que se ha dado en llamar movimiento 15M, yo he podido deducir por lo que he visto, leído y oído que lo que este movimiento persigue no es muy distinto de lo que se ha demandado en un pasado muy próximo (p.ej. en las manifestaciones por una vivienda digna). Pero también que lo que lo diferencia de todas estas luchas anteriores es 1) que ha aunado muchas de ellas en una sola y 2) que lo hace de una forma muy determinada: en paz, en la calle, confiando en la palabra y voz de todos.

La búsqueda del consenso viene afortunadamente ahora y no antes. Hasta este momento, hasta las elecciones del domingo, lo que ha unido han sido en la mayoría de las ocasiones sentimientos como la rabia, la indignación, la impotencia, la ilusión, la alegría, la esperanza… Ese caldo de cultivo emocional es, junto a la situación económica y política que los ha propiciando, el que ha ido dando consistencia al movimiento. Hasta que en un momento dado se le exigen, se nos exigen propuestas concretas. Propuestas a las que podremos llegar si se consigue mantener a su vez el clima de diálogo pacífico y cívico del que gozamos en muchas plazas del mundo. Es decir: en la búsqueda del consenso en esta situación no podemos dejar de lado esta realidad, que es la que nos hace definirnos políticos pero no apartidistas.

Porque en los objetivos e incluso en el modo de conseguirlos es probablemente bastante difícil que estemos de acuerdo. Pero sí podemos coincidir en una manera de reivindicar que confía en cada ciudadano. En el momento en que nos empecemos a poner nerviosos, a tener prisa por conseguir cosas, dejaremos de escucharnos y de ser un movimiento pacífico. Lo importante no son tanto las respuestas que se den, sino hacerse preguntas que probablemente nos tendrán que rondar la cabeza un tiempo antes de poder darles respuesta entre todos. Con paciencia y consideración: la prisa divide e induce a la violencia.

Por todo ello, mi conclusión de cara a los berlineses es la siguiente: que les hagamos llegar sobre todo que la idiosincrasia principal de este movimiento no está en los objetivos que persigue, que pertenecen a un ámbito y una problemática muy concretos; sino en el modo en que reivindicamos la necesidad de cambiar: en paz, en la calle y dando voz a los que no la tienen. Es decir: este movimiento lo que hace es crear un foro extraparlamentario de conciencia crítica y ciudadana. Y es precisamente por eso por lo que es un modelo exportable. Pero ojo, para que los que sepan de sus problemas hablen de ellos, y se pregunten por la manera en que podrían solucionarlos. Ahí está la gracia, creo, y eso es lo que hay que mostrar, en mi opinión, a la hora de contar lo que somos a una sociedad como la berlinesa.

 

comentarios
  1. Aurelio Orco Nozalo dice:

    Me parece bien la postura de Jorge Naroja, que definiría kantianamente como “trascendental”, por preocuparse por definir las condiciones de posibilidad de un movimiento antes que su contenido. Es síntoma de una sutil preocupación por un adecuado desarrollo del proceso que se ha iniciado el 15M. El problema de las condiciones formales es que suscitan un inmediato consenso precisamente por eso, por ser formales: lo difícil es llenarlas de contenido. El movimiento del 15M no ha nacido como un movimiento formal, sino con un contenido bastante preciso, en su mayoría de carácter negativo (en sentido lógico, no axiológico): “no nos representan, no a los corruptos en los partidos, no a los privilegios de los políticos, no a PP y PSOE (que representan el mismo excremento), no a los partidos tal y como están ahora, no a la actual ley electoral, no al dominio del capitalismo especulativo sobre la política, etc”. Las pocas reivindicaciones concretas (como la lucha por una vivienda digna, subrayada justamente por Naroja) son tan vagas que es difícil articular procedimientos comunes para su consecución. Por eso, alabo la propuesta de Naroja de apostar por un aparato trascendental previo a la definición del contenido. Creo que la construcción de ese “foro” del que habla el post es necesaria en Berlín, en Madrid, en Barcelona y en todas partes.

    Pero una vez definidas las codiciones trascendentales toca hablar de lo espinoso, la definición de contenidos positivos, articulados por preguntas: ¿seguimos creyendo en la democracia representativa o es preciso ir hacia un modelo participativo, rousseauniano, para entendernos? ¿Qué ley electoral tendría que haber (circunscripción única o no, porcentajes de corte o no, proporcional puro o D’Hondt, etc.)? ¿Hay que transformar o abolir el sistema capitalista? ¿Estas transformaciones o aboliciones deben afectar sólo al capitalismo financiero especulativo o también a la economía real? En otras palabras: ¿debe seguir habiendo propiedad privada? ¿Sólo material o también intelectual? ¿Qué hacemos para proteger la propiedad intelectual -si es que queremos protegerla- si nos gusta la ley Sinde-scargas? Idem con la propiedad material: ¿si creemos en el derecho a una vivienda digna, hay que despenalizar las ocupaciones de pisos vacíos? ¿Hay que fijar por ley un alquiler máximo, contraviniendo la lógica de mercado? Creo que las respuestas a estas preguntas crearán clivajes (como dicen los cursis politólogos), esto es, fracturas en el movimiento, que serán difíciles de recomponer. Tras el magma del 15M y su justo descontento reaparecerán los anarquistas, los comunistas, los socialistas, los liberales, los conservadores (no en el sentido de los partidos, sino en el ídeológico).

    O si no, intentemos empezar por una pregunta formal, trascendental, de procedimiento: ¿hay que descartar completamente y de antemano que el movimiento 15 M dé lugar a un partido o al menos a una opción votable en próximas elecciones? Dudo mucho que haya una unanimidad (prolongada en el tiempo) sobre este asunto. El caso de Beppe Grillo en Italia docet. Grillo lideró desde su blog un gran movimiento de protesta antipolítica (cuyo momento álgido fue el enorme éxito de las concentraciones en el “vaffanculo day”)y llegó a prometer que nunca formaría un partido. Pues bien, en las elecciones de hace 10 día en Italia en algunas ciudades y regiones su partido “Movimento a 5 Stelle” alcanzó un 10% de los sufragios. Por cierto: el otro día estaba en Barcelona arengando a los del 15 M. ¿Partido sí o partido no?

    Para comprobar si la piedra sobre la que vamos a construir (me salen metáforas evangélicas, vaya por Dios) es sólida, hay que darle colpecillos primero, para ver si se rompe. Me parece muy bien “mimar” al movimiento empezando con suaves cuestiones trascendentales, pero no estaría mal catar de antemano su resistencia a graves desavenencias en cuanto a contenidos. No vaya a ser que, después de haber forjado una maravillosa y hermosa vasija (de cuestiones formales) ésta se rompa en cuando le metamos el duro hormigón de los contenidos políticos.

    Enhorabuena por el blog, y ojalá el foro resista.

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