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La sovranità appartiene al popolo, che la esercita nelle forme e nei limiti della Costituzione.

The form of government of Greece is that of a parliamentary republic.
Popular sovereignty is the foundation of government.
All powers derive from the People and exist for the People and the Nation; they shall be exercised as specified by the Constitution.

Han pasado más de dos siglos desde que la Asamblea Nacional Constituyente francesa aprobara la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, en cuyo artículo 3 se determinaba que «toda soberanía reside esencialmente en la nación». Han pasado sólo unos cuantos días desde que los jefes de Estado de Italia y Grecia encargaran a Monti y Papademos, respectivamente, el gobierno de la nación. La diferencia entre aquella declaración y la solución política a la que se ha llegado tanto en Grecia como en Italia es que mientras en el primer caso se define qué es soberanía en un ejemplo claro de autodeterminación, en estos últimos esta soberanía nacional se cede de hecho por presiones externas. Y la justificicación para hacerlo es el estado de excepción económico que viven ambos países. Aunque no está de más preguntarse si los que fuerzan la formación de estos gobiernos de excepción (estas dictaduras, como argumentaremos) no son los corresponsables de que se haya llegado a la excepcionalidad de la situación cuya solución, pregonan, exige tomar decisiones tan profundamente antiparlamentarias. (Otros responsables de que se haya llegado a esta situación son los propios políticos griegos e italianos: si ni siquiera la gran mayoría de ellos han creído en el sistema, ¿cómo lo iban a hacer ciudadanos e instituciones extranjeras? Dejamos apuntado aquí este último aspecto, que, sin embargo, no desarrollaremos aquí por temas de espacio.)

Con la formación de los gobiernos de Monti y Papademos se inaugura una nueva fase de la política neoliberal que impera actualmente en Europa: después de que la coyuntura económica haya motivado la modificación del texto fundamental del sistema político del estado español, se instauran dos gobiernos de excepción, uno de los cuales presume de no contar con políticos de carrera entre los ministros que lo forman. Un ataque ideológico frontal, repetimos, contra la democracia parlamentaria, un capítulo más de la guerra de raíz económica que actualmente se libra en Europa.

En este artículo pretendemos aportar elementos de reflexión que contribuyan a dinamizar un debate crítico serio sobre la peligrosa situación política que se está creando en y desde Europa. Nuestra argumentación se basará sobre todo en Carl Schmitt, y no por casualidad: no sólo porque con su teoría política  justificara (y se pudiera justificar) la necesidad de la forma en que los nacionalsocialistas ejercieron el poder en la Alemania de la República de Weimar, sino porque aporta elementos de análisis que ayudan a comprender mejor la batalla política y la guerra sin balas que se está librando actualmente en Europa y sus posibles (y peligrosas) consecuencias. Insistimos: este artículo no pretende ser de opinión, aunque suponga una toma de postura necesaria, sino un análisis de la situación de excepcionalidad de la política europea del momento sobre la base de realidades históricamente pasadas pero innegablemente presentes. Una reivindicación, en definitiva y si se quiere, de disciplinas denostadas como “de letras” en una época tan cientifista como muchas veces carente de capacidad crítica, a la vista de los hechos.

La raíz dictatorial de los gobiernos de Monti y Papademos

Dictadura: (…) 3. Gobierno que, bajo condiciones excepcionales, prescinde de una parte, mayor o menor, del ordenamiento jurídico para ejercer la autoridad en un país. 

DRAE

La dictadura es, según Carl Schmitt, un mero medio para restituir la estabilidad que toda normalidad necesita para la aplicación y vigencia del Derecho. La dictadura presupone un estado de excepción que requiera tomar medidas extraordinarias (“fuera del orden”). El carácter si no ilegal, sí al menos extralegal de esta forma de gobierno no implica, sin embargo, que deje de  ser legítima, según Schmitt. El fundamento de una dictadura no es la legalidad, puesta en suspenso por la excepcionalidad de la situación, sino su legitimidad, que no tiene por qué estar atada a normas positivas, sino que puede perfectamente perseguir fines situados por encima del derecho positivo, como la supervivencia del estado, o, en nuestro caso, la estabilidad de la economía europea. Éste es claramente el caso de Italia y de Grecia: la situación de exepcionalidad producida por la coyuntura económica ha motivado la creación de unos gobiernos obviando la normalidad democrática que presupone la celebración de elecciones para formarlos; gobiernos, por tanto y si seguimos la forma de argumentar de Schmitt, al margen de la legalidad pero no por ello ilegítimos. Su legitimidad se basaría, repetimos, en los principios que pretenden defender (con la estabilidad económica a la cabeza) ante lo excepcional de la situación que motivó su creación. (Otra cosa es que estos principios que legitiman la existencia de estos gobiernos sean compartidos por la población que financia su existencia pagando sus impuestos.)

Monti y Berlusconi

A parte de la forma anormal de formación de estos dos gobiernos, hay otros aspectos que subrayan su excepcionalidad y, por ende, su carácter dictatorial. El sistema al que estamos acostumbrados está basado normalmente en un proceso electoral al que concurren partidos políticos con unos programas electorales que, por regla general, suelen incumplir o por los menos cumplir sólo parcialmente una vez llegan al gobierno. Es decir, es un sistema basado en la promesa y el proyecto, en el futuro, por tanto. En el caso de los dos gobiernos de reciente formación a los que dedicamos este artículo, su constitución no se basa (especialmente en el caso de Italia) en proyectos políticos, sino en los currícula de las personas que lo forman: lo que ha primado, por tanto, no es un proyecto político colectivo de un partido, sino las biografías individuales de sus miembros. Un proceso de formación de gobierno, en definitiva, que no promete un futuro, sino que pretende garantizar unos resultados sobre la base de la experiencia laboral de los miembros que lo forman, demostrada por escrito. Sus miembros, por tanto, no son elegidos, sino contratados para hacer el trabajo sucio: los criterios que hay detrás de su elección no son los reglados constitucionalmente como esencia de lo público (por ejemplo el derecho a acceder en condiciones de igualdad a las funciones o cargos públicos y el concurso de la voluntad popular como fundamento de su elección), sino que son criterios propios del sector privado, análogos a los que un empresario utilizaría para baremar a los candidatos a un puesto en su organización y de los que se sirve para elegir al idóneo para desempeñar la tarea que lleve a la obtención de beneficio mediante su actividad económica. Detrás de todo ello hay una radical desconfianza en las palabras y una reivindicación, probablemente desesperada, de una política que haga y no diga; un ataque frontal, en ese sentido, al parlamentarismo. En definitiva: una nueva forma, ideológicamente motivada, de privatización de lo público.

Estado (con gobierno) de excepción: soberanía sin concurso de voluntad general

Volvamos a Carl Schmitt. Para él, el soberano es el que decide sobre un estado de excepción (“Souverän ist, wer über den Ausnahmezustand entscheidet”). Es  decir, comparte la característica esencial que define a una dictadura: la excepcionalidad. Y en ese sentido, el soberano es el que lógicamente decide en una dictadura; no por el hecho de ser nombrado soberano, sino por ser el que efectivamente resuelve los problemas. Es decir, el hecho de definir tanto a la forma de gobierno como al gobernante ideal que la encabece recurriendo a la excepcionalidad, hace que su definición tenga necesariamente que ser heurística.

De esta sutil forma se introduce (por la puerta de atrás, como quien dice) lo coyuntural en el sistema político: no sólo porque motive la introducción de enmiendas constitucionales construidas sobre la base no de criterios claramente establecidos, sino de criterios necesariamente variables; sino porque provoca que lo coyuntural sea el fundamento de un gobierno de excepción, es decir anormal (fuera de lo normado).

El roto, privatización del estado

Las teorías de Schmitt parecen tener reflejo en la situación política actual en Grecia e Italia. Pero para ello tendría que ser cierto que tanto Monti como Papademos fueran efectivamente soberanos: capaces, por tanto, de decidir en el estado de excepción. Pero esto no parece ser del todo cierto. Y para entender que efectivamente no son soberanos, hay que dar un paso más y afirmar que la raíz de la crisis política (que no económica, como nos lo pretenden vender) está en que la coyuntura económica que motiva las decisiones que se toman en una serie de países de la Unión Europa no es un reflejo de la voluntad general (es decir, aquella que refleja lo que todo ciudadano debería querer en beneficio de todos); sino resultado de la competencia entre intereses particulares. Ya no es el bien común el vector de las decisiones políticas, sino la salvaguarda de los intereses particulares que compiten en lo que conocemos por mercados. Algo que se ha acentuado cuando a los estados europeos dentro de la unión monetaria no les queda otro modo de financiarse que recurrir a los mercados financieros, porque ya no pueden imprimir más dinero, como podían antes de entrar en el Euro: al poder financiarse sólo vía endeudamiento, son especialmente vulnerables a las reacciones de los mercados de deuda; de esta manera, los intereses particulares que dinamizan estos mercados son los que crean la situación de excepcionalidad que finalmente justifica la formación de gobiernos dictatoriales formados por tecnócratas. Una pescadilla, por tanto, que se muerde la cola. Y una situación que lógicamente lleva a la conclusión de que gran parte de la soberanía política descansa ahora en una realidad tan impredecible como es la competencia de intereses particulares que conocemos por mercados (de deuda en este caso). En sentido estricto, parece no tener ya tanto sentido de hablar ni de soberanos en el caso de Monti y Papademos ni de soberanía nacional o popular, sino, en todo caso, de soberanía financiera: en Europa sólo son soberanos aquellos estados que actualmente puedan financiarse en unas condiciones lo suficientemente ventajosas como para no comprometer su futuro; en el caso de no poder hacerlo así, se acaban viendo abocados a convertirse en dictaduras, obligados por aquellos socios de la Unión que no quieren ver comprometida su actual soberanía financiera -que son los que realmente dirigen los designios del país gobernados por personas que sí representan (por fin) los intereses de las instituciones europeas-.

¿Una nueva forma de guerra europea?

Probablemente sea un recurso muy manido recurrir a la máxima de Clausewitz «Der Krieg ist eine bloße Fortsetzung der Politik mit anderen Mitteln» (“La guerra no es más que la continuación de la política con otros medios”) para hablar de ciertas situaciones políticas como la aquí descrita. Es también muy posible que en el caso del relevo de gobierno en las democracias griega e italiana podamos hablar de una continuación de la política (tal y como la venimos conociendo desde el final de la Segunda Guerra Mundial para acá) con otros medios. Sólo en este estricto sentido podremos de hablar, con Clausewitz, de una situación similar a la guerra. Y la guerra, para Clausewitz es «ein Akt der Gewalt, um den Gegner zur Erfüllung unseres Willens zu zwingen» (“un acto de violencia para obligar al enemigo a que realice nuestra voluntad”).

¿Podemos hablar de una situación de guerra en Europa? Probablemente: parece casi una obviedad afirmar que sobran los ejemplos en los últimos meses en los que se ve cómo muchos gobiernos toman medidas contra la voluntad general para realizar la voluntad de instituciones ajenas. Ahora más que nunca, lo que está en entredicho en la Desunión Europea es la soberanía nacional de una parte de sus miembros. Repetimos que no de todos: porque mientras unos estados salen cada vez más reforzados de la crisis, otros son empujados al abismo, tal y como lo reflejan las diferentes primas de riesgo de sus deudas públicas y el interés que cada uno de esos estados tienen que pagar (actualmente, la fortaleza de un estado es inversamente proporcional al tipo de interés que tiene que pagar en los mercados para poder financiarse). Las instituciones europeas se han convertido en el organismo que ejecuta la voluntad de los países con mayor fortaleza económica en los países del club más débiles económicamente. Lo que está en juego es la soberanía (financiera) de los estados: unos la han perdido (no sé si alguna vez la tuvieron dentro de la unión monetaria) y otros luchan por no perderla, obligando a los primeros a cumplir su voluntad en el marco de una nueva legalidad que de esta manera se les impone.

Caricatura de José I Bonaparte

Caricatura de José I Bonaparte

Algo parecido ha ocurrido ya en Europa a lo largo de toda la historia. Por ejemplo, a comienzos del siglo XIX: el caso más parecido al que aquí comentamos son los estados creados bajo el imperio de Napoleón en el transcurso de las guerras napoleónicas. En ellos y con ellos se creó un nuevo orden en los territorios en cuestión, resultado de un estado de excepción motivado por la ocupación napoleónica. Este nuevo orden se hizo o bien pactando con los soberanos de los territorios ocupados en el caso de conservar su fisonomía geográfico-política (véase el caso de la España de Carlos IV) u otorgando constituciones “napoleónicas” a estados que no existían con anterioridad a la ocupación napoleónica (por ejemplo, el Ducado de Varsovia). Lo curioso del ejemplo es que, en el caso del ducado de Varsovia, Napoleón obtuvo un amplio apoyo (también militar); y más bien lo contrario en el caso de España. Hasta el punto de que los cosacos polacos intervinieron en alguna de las batallas libradas en suelo español (como la de Somosierra). Prueba, probablemente, de que la falta de conexión del poder político con el ciudadano puede abocar en situaciones francamente peligrosas: los polacos se sintieron liberados por Napoleón, los campesinos españoles, no, por el contrario; en el primer caso, el pueblo compartía la percepción de que el nuevo poder que los gobernaba era legítimo porque supuso su liberación sobre todo de Rusia y el imperio austrohúngaro; en el caso de España, a los ojos de amplias capas sociales del país, el gobierno de José I carecía de legitimidad, porque se veía como impuesto por el yugo francés.

Tampoco la paz de Versalles firmada al término de la Primera Guerra Mundial fue vista con buenos ojos por un amplio sector de los alemanes: así fue más fácil que, dada la desesperada situación económica del país, un líder con un carisma atractivo para muchos se hiciera con el poder con las consecuencias que nadie debería olvidar. Esperemos equivocarnos, pero la verdad es que el auge de los extremismos en Grecia y la radical desconfianza en la política parlamentaria de una ciudadanía que no siente que la represente no auguran mucha estabilidad política. Por ese motivo nos preguntamos si la estabilidad económica que se pretende conseguir con las dictaduras griegas e italianas no pueden llegar a convertirse en un caldo de cultivo para oportunistas políticos como lo ha sido siempre Berlusconi (recordemos que las circunstancias en las que accedió al poder fue una falta de credibilidad del resto de partidos italianos a ojos del electorado). Y es que no hay que olvidar que esta crisis es política porque su origen está en la falta de representación efectiva de la voluntad general: el descrédito general (motivado ideológicamente) de lo público y su desatención sistemática por ciertas opciones políticas se acaba traduciendo en un aumento de las desigualdades sociales, por mucho que de esta manera se consiga un equilibrio de las cuentas públicas. Y mientras la que guíe al pueblo no sea la libertad, sino la estabilidad presupuestaria, las consecuencias de estas políticas seguirán traduciéndose en una Desunión Europea en la que sus ciudadanos se vean forzados cada vez más a jugar en diferentes ligas.

Traducimos aquí la entrevista a Peter Bofinger, uno de los cinco miembros del “Consejo alemán de expertos económicos” (o Sachverständigenrat zur Begutachtung der gesamtwirtschaftlichen Entwicklung), sobre la debacle electoral del partido liberal alemán, la FDP. Bofinger es el único defensor de políticas económicas neokeynesianas presente en este órgano asesor del Gobierno y el Parlamento alemanes y en esta entrevista apunta algunos aspectos de la política económica que está poniendo en jaque a Europa como proyecto y a la igualdad social tanto europea como alemana. Las medidas que respalda la FDP forman parte de esas que “ya se han tomado en Alemania” y que algunos intentan presentar ahora en España como la solución a nuestros problemas nacionales, sin hablar, claro, del aumento de la desigualdad social y el estancamiento de la economía real que podrían provocar.

Artículo original: “Die FDP hat mit Feuer gespielt”

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El sabio de la economía Peter Bofinger es de todo menos cómodo. Después de su fracaso electoral de la FDP en Berlín, Bofinger le lee la cartilla: los liberales defienden la salvación del estado siguiendo el patrón de actuación de un ama de casa; pero no saben de verdad lo que es la economía política.

 Entrevista: Frederik Obermaier

Peter Bofinger

Peter Bofinger (sueddeutsche.de - AP)

sueddeutsche.de: Señor Bofinger, la FDP es el gran perdedor de las elecciones en Berlín, y eso que pidieron de forma estridente la quiebra de Grecia. ¿Su mensaje no caló en el electorado?

Peter Bofinger: La FDP ha jugado con fuego.  Pedir sólo la declaración de insolvencia sin proponer nada suponía correr un gran riesgo y cometer un error de base. Mucho más razonable habría sido una reducción ordenada de la deuda. Un recorte de la deuda sólo es defendible si paralelamente se busca evitar, por medio de los Eurobonos, el efecto de contagio a otros países. La alternativa sería querer reformar un edificio tirando una pared maestra: sin amplias medidas protección el sistema se podría venir abajo.

sueddeutsche.de: Una empresa tiene que declarar suspensión de pagos cuando ha quebrado.  ¿Por qué fue un error que el líder de la FDP Rösler haya propuesto lo mismo en el caso de Grecia?

Bofinger: No han pasado ni dos meses desde que los estados de la Unión acordaron un rescate a Grecia. Y ahora viene el vicecanciller alemán y vuelve a replantearse el tema. Europa está actualmente en una situación límite en la que la cuestión ya no se reduce a un debate académico sino que se trata de dar con el tratamiento de cuidados intensivos correcto.

sueddeutsche.de: Pero lo cierto es que los liberales obtuvieron el apoyo de 16 destacados catedráticos de economía, colegas suyos, vaya…

Bofinger: No es lo mismo hablar como vicecanciller o como catedrático de universidad.

sueddeutsche.de: Pero sí que se trata de expertos reputadísimos, como Hans-Werner Sinn, que argumentan en la misma línea que los liberales. ¿Dónde está el error en los planes para Grecia de la FDP?

Bofinger: En Alemania se pasa completamente por alto que no hay un país en el que se hayan realizado de forma masiva tantas medidas de ajuste en tan poco tiempo. Es decir, el debate actual en Alemania no viene a cuento. No es que los griegos estén ahorrando demasiado poco, es que se están dejando la vida en los recortes.

sueddeutsche.de: Pero los de la FDP parecen ver las cosas de otra manera.

Bofinger: Sus parroquianos piensan que el ahorro en la economía nacional es como el de un ama de casa. Si a ésta no le salen las cuentas, la familia tendrá que gastar menos. Algo que funciona porque el nivel de ingresos sigue siendo constante, porque éste no se reduce si la familia ahorra. Pero si en la economía nacional se reduce drásticamente el nivel de gasto, la coyuntura se va al traste y baja el nivel de recaudación vía impuestos. El FMI previó en abril de 2010 una contracción del 1,1% de la economía griega, en el pronóstico de septiembre de 2010 ya era del 2,6% y en abril de 2011 el FMI contaba con una recesión del 3,0%. Ahora mismo se cifra el decrecimiento en un 5,0%. Si en esta situación uno de cada diez funcionarios tiene que ser despedido, el daño no hará más que aumentar.

sueddeutsche.de: Pero a la FDP se la ha visto durante mucho tiempo como el partido más competente en temas económicos. ¿Un error de percepción?

Bofinger: ¿Se puede considerar competente a un partido que en la fase con menor presión fiscal sobre la renta de toda la postguerra alemana sigue manteniendo la bajada de impuestos como el punto principal de su programa electoral? Por eso me alegré que, en 2009, los liberales entraran a formar parte del gobierno.

sueddeutsche.de: ¿Usted, que simpatiza con la SPD, se alegró de que los liberales llegaran al poder?

Bofinger: Sí, porque estaba bastante seguro de que a todo el mundo le iba a quedar claro lo incompetente que es este partido. Y el tiempo me ha dado la razón. Cuando todo el mundo se dio cuenta de que no había ya dinero suficiente para llevar a cabo la bajada de impuestos que pretendía la FDP, implosionó.

sueddeutsche.de: Últimamente, junto a la bajada de los impuestos, la FDP ha descubierto para sí un papel en la salvación de Europa. En su página web, los liberales se llaman a sí mismos “Partido de Europa” (“Europa-Partei”).

Bofinger: “Partido anti-Europa” sería más acertado.

sueddeutsche.de: ¿Por qué?

Bofinger: Si Grecia no recibe más dinero, el país entero se desmoronará. Tendría que salir del euro, lo que conllevaría unas consecuencias económicas y políticas enormes para el resto de la eurozona. Si los efectos se contagian a Italia, en ese momento, como tarde, tendremos un problema también aquí, en Alemania. Todo ello nos costaría mucho más que los que nos puede llegar a costar mantener el sistema con vida. Pero esto es algo que a la FDP desgraciadamente se le olvida.

Tamiflú, el medicamento gracias al que se lucró Roche de la falsa alarma de la Gripe A

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Que no se nos olvide: Roche es también un valor en bolsa. En un mercado distinto al de la deuda soberana griega, pero igual de sujeto a la “confianza de los inversores”.

De sobra sabemos ya, que a los valores los califican una serie agencias. Recordemos que en julio de año pasado, una de ellas, Moddy’s, rebajó en cuatro escalones la calificación de la deuda soberana griega hasta situarlo en la categoría del bono basura, lo que se tradujo en una dificultad insuperable del país heleno de obtener fondos para hacer frente a sus gasto y en su quiebra técnica. Pues bien, esa misma agencia es la que el pasado 7 de septiembre le ha subido la calificación a Roche de A2 a A1 porque considera que las perspectivas de la compañía son “estables”.

Curioso juego éste en el que la inestabilidad política y social estabiliza el futuro de grandes multinacionales farmacéuticas. Curioso juego éste en el que los califican son, por un lado, corresponsables del aumento riesgo de impago de un estado, y, a la vez, los que certifican la buena marcha de negocios que se lucraron con la gripe A y ahora amenazan con dejar desatendidos a miles pacientes griegos, los que no puedan pagarse los medicamentos de su bolsillo.

No, señores: la crisis no la produce la desconfianza de los mercados, sino la falta de regulación de los rumores. ¿Qué se puede esperar de un sistema en el que los que lo controlan son, a la vez, juez y parte? Y esto vale, desgraciadamente, lo mismo para la Bolsa que para la gestión que se ha hecho de las pandemias. Y no puedo menos que preguntarme: ¿para qué existirán los gobiernos?

Más sobre el tema: Occupy Hamburg meets Ackermann

Programa: Monitor – 16.6.2011.

Versión en castellano:

Monika Wagener: “A día de hoy, un kilo y medio de mantequilla cuesta en Grecia 5,- €, mientras que muchos empleados no cobran su salario desde hace meses. Y hay que seguir ahorrando mucho más. Alemania y la Unión Europea debaten entre tanto sobre la conveniencia de conceder ayudas adicionales por valor de miles de millones. Sólo algunos pocos han conseguido conducir el barco a buen puerto, al parecer en silencio y en secreto: los bancos y las empresas aseguradoras alemanas. Diciendo: ¿cómo no vamos a comprometernos también? Razón no les falta. Pero merece la pena echar un vistazo entre bambalinas. Las apariencias engañan: ¿qué película vemos, la que cuenta o la que se nos cuenta?.”

Como en el cine. Sobre la pantalla, una tragedia, bien visible para todo el mundo. El hundimiento de un país entreo: Grecia. Bancarrota, protestas, crisis de gobierno. Nuestro estado de bienestar en peligro de contagio. En peligro: la estabilidad de Europa y el Euro. No se puede dejar de ayudar.

Wolfgang Schäuble: “Tenemos la responsabilidad de liderar Europa, tenemos la responsabilidad de liderar Europa.“

Pero a espaldas del público se proyecta una película bien distinta. En ella se trata de cifras, balances, el dinero de los bancos y de las aseguradoras. Se trata ahí de política y de un plan: cómo se traslada el riesgo de bancarrota de Grecia de los bancos al contribuyente, un juego calculado, hecho a base de tiempo. En esta película es el ministro alemán de Finanzas Wolfgang Schäuble el que juega un papel determinante.

Wolfgang Schäuble: “La situación en Grecia, y por tanto de Europa, es grave.”

Y una persona participa en la redacción del guión: el director de la Deutsche Bank, Ackermann, con la vista siempre puesta en porcentajes de beneficios de dos cifras para su banco.

Josef Ackermann: “Si una casa se está quemando, entonces no merece la pena iniciar un largo debate sobre los fallos en la construcción del edificio, sino que lo que hay que hacer es apagar el incendio. “

El fuego se combate a poder ser con dinero público. Los datos: los bancos y las empresas aseguradoras le han prestado a Grecia dinero a interés alto para equilibrar el déficit en las cuentas del Estado. Unos 300 mil millones. El estado griego garantizaba el pago de la deuda. Desde mayo de 2010 esta garantía ha dejado de tener valor. Grecia está en suspensión de pagos. Por eso tuvieron que entrar en el juego los contribuyentes europeos, constituyéndose un paquete de ayuda de 110.000 millones de euros. Para que el gobierno griego pudiera seguir pagando año tras años los intereses y la deuda a bancos y aseguradoras. Todo ese dinero no basta, y ahora hay que volver a inyectar 100.000 millones adicionales. Hasta ahora no hay más que figurantes en este juego millonario – los parlamentarios del Bundestag alemán. Más dinero de los impuestos para Grecia, muchos parlamentarios del grupo en el Gobierno amenazan al Ministro de Finanzas con no seguir sus dictados, por ejemplo el diputado de la CDU Willsch.

Klaus Peter Willsch, parlamentario del Bundestag, CDU/CSU (cristiano-demócrata): “Lo importante es que acabemos con esto de una vez por todas. No tiene ningún sentido que lo andemos postponiendo año tras año. Lo único que conseguimos con ello es que nos salga más caro. “

Frank Schäffler, parlamentario del Bundestag, FDP (liberales): “En realidad pervertimos la economía de mercado si hacemos que los contribuyentes carguen con todo.“

¿Habrá próximamente un enfrentamiento en el parlamento alemán? A todas luces habría una derrota de votarse las medidas. El ministro de Finanzas quiere evitarla a toda costa. Necesita una idea, una idea vendible a la opinión pública. Su propuesta: los bancos tienen que pagar también, al menos una parte. Es lo que está reflejado en un documento confidencial del gobierno, redactado en inglés para los ministros europeos: extended maturities 7 years, una prolongación del plazo de vencimiento de siete años, voluntaria. Una suave reestructuración de la deuda a la que los acreedores no se oponen, contribuyendo a salvar miles de millones.

Wolfgang Schäuble, ministro de Finanzas, CDU, el 10.06.2011: “Un mensaje claro a todos: no se puede traspasar las pérdidas propias al contribuyente.“

Es evidente que esta propuesta se la han redactado al ministro expertos de la Deutsche Bank, presidida por Josef Ackermann. Quiere evitar a toda costa un recorte de la deuda, por el que Grecia sería librada de una gran parte de su deuda. Eso sería perjudicial para el negocio. Quiere más dinero de los contribyentes y restructurar la deuda suavemente con participaciónde los bancos. Eso es lo que pone en este documento del banco, que lleva por título “Proposal for (…) burden sharing without haircuts”. Una propuesta de repartir los costes sin un recorte radcal de la deuda. Los parecidos con el documento de Schäuble son chocantes. La Deutsche Bank también propone un prolongación de siete años del plazo de vencimiento, que los bancos contribuyan de forma voluntaria a una reestructuración de la deuda. Las tres propuestas sobre cómo habría de implementarse esta medida desde el punto de vista financiero vuelve a aparecer casi palabra por palabra en el documento del gobierno. ¿Una casualidad o un caso de copy and paste? El Ministerio de Finanzas permite el acceso al documento, pero califica de tontería toda acusación de influencia de la Deutsche Bank.

Zitat: “Forma parte del proceso del departamento técnico el formarse una impresión general sobre el estado del debate en torno a una cuestión. “

La oposición lo interpreta como una excusa.

Carsten Schneider, miembro del Bundestag, SPD: “Es un suceso que yo no había visto en mi vida, que de un protagonista, un afectado como es el caso de la Deutsche Bank, que está lógicamente implicada en el sector financiero, venga una propuesta y que ésta sea calcada, cortada y pegada, algo de lo que el Gobierno ya tiene experiencia. Que se tome palabra por palabra y que se presente en Europa como propuesta alemana. Eso sólo puede significar o bien que la competencia en el Ministerio de Financias brilla por su ausencia, porque no se para de reducir personal, dejando vacío al Estado; o bien que ya sólo se salvaguardan los intereses de las grandes instituciones financieras alemanas y no los de toda la ciudadanía.”

Sobre eso la Deutsche Bank se manifiesta parcamente.

Cita: “Entiendan, por favor, que la Deutsche Bank no haga comentarios sobre los contactos con el Ministerio Federal de Finanzas.“

Frank Schäffler, parlamentario del Bundestag, FDP: “Pues considero francamente que esta actuación es muy cuestionable, porque si es la Deutsche Bank la que dicta las propuestas que el Sr. Schäuble eleva a instancias europeas, entonces no está representando los intereses de los contribuyentes, sino los de la industria financiera.“

Pero, ¿por qué propone el banco algo que le puede costar dinero? Muy sencillo: la propuesta hace como si la banca efectivamente contribuyera al proceso. Pero en realidad es una solución barata. Hace ya tiempo que el capital privado evita comprar bonos griegos. Lo demuestran todas las estadísticas disponibles. Y en la misma medida en que éste ha evitado el riesgo ha tenido que entrar el contribuyente. Con su dinero se ha comprado el tiempo necesario para que las aseguradoras y los bancos pudieran salir sin hacer mucho ruido de este problema, obteniendo beneficios. En el caso de un recorte de la deuda al principio de la crisis, los prestatarios habrían perdido miles de millones de euros. Ahora las pérdidas serían mucho menores, y en unos cuantos años prácticamente nula.

Prof. Max Otte, Especialista en Finanzas, Universität Graz: “Grecia necesita urgentemente una reestructuración de la deuda, el país es insolvente; hace un año ya lo era. Todos los economistas, casi todos, coinciden en ello. Y a pesar de todo se juega con el tiempo. Los políticos siempre juegan con el tiempo. Tenemos este paracaídas que al final ha fallado o no va a bastar. Entre tanto, los bancos se han deshecho de sus bonos griegos, es decir, han salido del juego y al final quien lo paga es el contribuyente, el griego y sobre todo el alemán. “

Un gran show, por tanto – y todos ustedes son espectadores forzados de una película en la que se vuelve a pagar con dinero de sus bolsillos la salida a una nueva crisis financiera. El guión, a cargo de la Deutsche Bank. Una vez más, ha conseguido sus objetivos.

Vídeo y texto original: http://www.wdr.de/tv/monitor/sendungen/2011/0616/Griechenland.php5

Más sobre el tema: Occupy Hamburg meets Ackermann