Posts etiquetados ‘Oposición Extraparlamentaria’

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Después del éxito de las marchas que llegaron a Madrid el 23 de julio, muchos se han puesto en marcha hacia Bruselas. La idea es básicamente la misma: reclamar en Bruselas una Europa más democrática, en la que los ciudadanos europeos tengamos algo que opinar sobre las decisiones que se toman en Bruselas y que afectan a nuestras vidas. Por el camino se pretende ir diseminando el mensaje, recogiendo propuestas, contribuyendo así a un aumento de la concenciación política en Europa.

La asamblea de Bruselas está organizándose para acoger a los que marchen hacia allá. Más información: http://www.15mbruselas.com/

Nach dem Erfolg der Märsche durch Spanien, die sich in Madrid am 23. Juli getroffen haben um mehr Demokratie vor dem Parlament zu fördern, sind jetzt viele auf dem Weg nach Brüssel. Die Idee ist im Wesentlichen die gleiche: die Förderung von mehr Demokratie in Europa; und dass die Europäer hinsichtlich den Maßnahmen, die unser Leben direkt bestimmen, als wirkliche Entscheidungsträger betrachtet werden. Auf dem Weg kann man Vorschläge sammeln und dazu beitragen, dass es mehr politisches Bewusstsein in Europa gibt.

Die 15M-Gruppe in Brüssel wird den Empfgang dort koordinieren. Mehr Infos unter: http://www.15mbruselas.com/

After the success of the marches through Spain, that met in Madrid on the 23rd of july, people are now marching towards Brussels. The aim is still the same: to demand more democracy in Europe, and that europeans can really take part in the decisions that concern our lifes. On the way proposals will be collected and a political conscience will be spread in Europa.

The 15M-group in Brussels is going to organise the welcoming of the people who arrive. More info: http://www.15mbruselas.com/

Aunque me duela reconocerlo, creo que estamos en un error si nos empeñamos en orientar nuestros esfuerzos a recuperar plazas: estamos corriendo el riesgo de convertir el símbolo de plazas como Sol en mito. Y eso sería fatal, porque correríamos el riesgo de refugiarnos en un pasado mágico, olvidando lo que les motivó a muchos a salir a la calle el 15 de mayo: la sangrante evidencia de que los que supuestamente están encargados de ello han dejado de solucionar nuestros problemas y la constatación de que tendríamos capacidad para hacerlo por nosotros mismos. Es lo que yo por lo menos siempre he creído transmitir cuando he gritado, pensado, escrito: “No nos representan”.

Me temo que ahora estamos entrando en su juego cuando claudicamos ante sus provocaciones si la única acción que perseguimos es recuperar lo que ya hemos ganado. Porque eso es lo que fue el desmantelamiento del punto de información de Sol: una provocación. Y no una reconquista por parte del poder: hay demasiadas imágenes que sirven de alimento al dinamismo y revitalización del tejido social que supuso la semana después del 15 de mayo.

No podemos caer en el error de formar parte de la cultura del espectáculo con nuestras reivindicaciones y que eso haga que muchos pierdan la confianza en esta dinámica de renovación política del tejido social. Creo que hay que andarse con pies de plomo para no convertirnos en los verdugos de lo que hemos creado hasta ahora entre todos. Hay que guardarse mucho de caer en discursos partidistas que puedan echar sistemáticamente a gente de este sueño. No podemos cerrarnos a nadie que quiera participar, que comparta gran parte de las inquietudes que tenemos, porque comparte también nuestros problemas. Y considero que es un error creer que el problema está sólo en los que se van: la presión de los medios y del aparato político parece que nos está contagiando una prisa insana; y a veces hay más prisa por hacer que por pensar y reflexionar críticamente sobre lo hecho y conseguido hasta ahora. La vorágine de acciones a la que parece que nos estamos entregando no debería hacernos olvidar cómo surgió todo esto: partiendo de una serie de problemas compartidos y no de posturas ideológicas, imaginando y realizando desde el pacifismo estrategias de protesta sorprendentes para el sistema.

Cada vez estoy más convencido de que esto es un movimiento no por su carácter ideológico (mal andaríamos, porque ya sabemos quién utilizaba hasta la saciedad la palabra “movimiento”), sino por su carácter nomádico, camaleónico. A cada problema hay que encontrarle su solución y para ello tenemos que contar con todos los afectados. Si nos limitamos a tirar de manual, a reducir todo a teorías conspirativas o a la demonización absoluta del capitalismo, perderemos el realismo con el que todo esto empezó. Personalmente no quiero recetas, sino soluciones: y creo que puedo ser parte de la solución a mis problemas (que comparto con muchos). Y exijo (a los políticos, a mis compañeros en el movimiento y a mí mismo) que se me tenga en cuenta como parte de la solución.

Reconozcámoslo: Sol no es la Sol-ución, sino el principio de la misma. Y para que nuestros problemas se solucionen, también tenemos que ponernos manos a la obra. Esto, creo, no es (sólo) un movimiento reivindicativo, sino constructivo. No deberíamos permitir que nos callaran ni desde fuerta, ni desde dentro.

Durante el verano, nuestra asamblea de Berlín se está convirtiendo en lugar de paso y acogida de gente implicada en las acampadas y asambleas surgidas a partir del 15 de mayo en diferente ciudades españolas. Para mí es un hecho especialmente gratificante porque señala dos realidades que realmente están ocurriendo: que se está revitalizando el tejido político-social en nuestro país y que nuestra asamblea de Berlín se ha consolidado como lugar visible de encuentro, intercambio y acción.

Ayer se celebró una asamblea que, en mi opinión y en relación con el calado de la decisión adoptada, ha sido la más importante que hemos celebrado desde que nos reunimos por primera vez el 19 de marzo: ayer decidimos dejar de denominarnos “Democracia Real Ya Berlín”: ahora somos “15m Berlín”. En mi opinión, ha sido una decisión importante porque podría ir mucho más allá de la cuestión puramente nominal o técnica, porque creo que no sólo debería afectar a un grupo de palabras o a la dificultad técnica más o menos grande a nivel informático que pueda implicar el cambio del nombre. Para mí es la constatación de que ha dado sus frutos un proceso de maduración que hemos venido haciendo en las últimas semanas de forma más o menos consciente; en cierto modo -en términos kantianos-, hemos pasado a tener voz propia. Nos hemos “independizado” –por sentido común-: no porque nos hayamos separado de un grupo, “Democracia Real Ya” (algo imposible, porque nunca pertenecimos a él), sino porque hemos sido capaces de darnos a nosotros mismos un nombre.

Para mí es un momento crucial, un punto clarísimo de inflexión que apunta a dos cosas. En primer lugar, que con este gesto señalamos que nuestra historia no está escrita, sino que la escribimos nosotros. Y en segundo lugar, que tenemos una trayectoria lo suficientemente aquilatada como para que nos distinga y justifique, así, un cambio de nombre con el que ganemos en definición:  somos quienes somos por lo que hacemos y no por aquello a lo que nuestro nombre pueda llegar a referirse.

Pero la cuestión no se queda aquí (y no debería hacerlo): el cambio de nombre debería ser además una (auto)exigencia: con él señalamos que nos queremos definir más, que queremos ser lo que hacemos y no lo que se diga que somos. Esto exige más conciencia a la hora de hacer cosas, de actuar, de reflexionar.

En este sentido, lanzo la siguiente reflexión, que nace de la feliz coincidencia de que en nuestra asamblea de ayer estuvieran gente de Sol y de Barcelona con los que luego pudimos charlar. Porque pude saber gracias a ellos que uno de los debates candentes en ambas acampadas afecta al papel de las asambleas, especialmente en lo que se refiere a la toma de decisiones: ¿dónde se decide? ¿Sólo en Sol, por ejemplo, o sólo en los barrios?

Rousseau - Du contract socialEn mi opinión la disyuntiva es falaz. Y para resolverla creo que hay que plantear la cuestión desde otro punto de vista: quien toma la decisión de hacer o no hacer, de respaldar o no respaldar es cada uno de los miembros de la asamblea porque ésta es capaz de darles voz. Creo que es ésta la problemática de base a la que apunta el lema “no nos representan”.Porque ya no se realiza (no sé si jamás se habrá llegado a realizar) aquello que afirmaba Rousseau en su Du contrat social: éste debería dar respuesta al problema fundamental de la búsqueda de una forma de asociación en la que “cada uno, uniéndose a todos, no obedezca con ello más que a sí mismo, permaneciendo igual de libre que hasta entonces” (“Trouver une forme d’association […] par laquelle chacun, s’unissant à tous, n’obéisse pourtant qu’à lui-même, et reste aussi libre qu’auparavant.”)

Y bien: ¿qué papel tendría la asamblea entonces? No creo que la asamblea deba ser, por todo lo dicho, un órgano de decisión, sino de debate, diálogo, intercambio y refrendo (“corroborar algo afirmándolo”). Yo a la asamblea voy a hablar y obligarme a pensar políticamente; a escuchar las propuestas que cada uno de los miembros nos hacemos; a apoyar todo aquello que me parezca necesario, decidiendo invertir en ello mi tiempo y mis capacidades… En definitiva: creo que la asamblea no debería decidir, sino discutir a partir de propuestas trabajadas de acción, problemas concretos que nos afectan en el lugar que vivimos… y llegar a conclusiones al respecto empleando el tiempo que sea necesario. Sé que con esto no invento nada, pero creo que es importante aprovechar el momento del cambio de nombre para repensar cuál es el papel de la asamblea. En mi opinión, resumo, sería el reflejo, la caja de resonancia de la capacidad de decisión, de iniciativa y acción individual de cada uno de sus miembros. Que esta iniciativa y acción nacidas de miembros individuales o de miembros agrupados de la asamblea pase a ser una acción o iniciativa del grupo es algo sobre lo que decidirían los miembros del mismo acudiendo a un lugar en el que se analice debatiendo la propuesta; si ésta es plausible y convincente (es decir, si la propuesta está trabajada), recibirá respaldo de más o menos miembros, y, así, la iniciativa llegará más o menos lejos. Pero la asamblea no debería condicionar esencialmente cada propuesta (planteándose como únicas soluciones el apoyo o el veto), sino catalizar propuestas cuando estas reciban apoyo de un número de sus miembros. En ese sentido, la asamblea sería más bien un seismógrafo de la capacidad de iniciativa y acción de cada uno de los miembros que la forman; a mayor actividad, más resonancia. De la implicación de sus miembros dependerá lo que la asamblea haga o no. Aquí podemos hacer cosas, hablándolas, teniendo voz. Creo que de esta manera se combinan los dos aspectos a los que se refiere Rousseau: unión y libertad.

http://www.rtve.es/alacarta/audios/asuntos-propios/asuntos-propios-wyoming-cano-sobre-violencia-15m/1131340/

 

No es esto: ni el recurso la violencia ni la manipulación informativa. Curiosamente hoy sí que se hacen eco todos los medios de los actos que han realizado una minoría y con los que no se identifica la inmensa mayoría el movimiento. Ay, si hubieran habido coberturas tan completas cuando se han tomado decisiones importantes… Ay, qué poco se ha hablado de las consecuencias del pacto del Euro, de las consecuencias de los recortes de Mas o de la creación de cargos de confianza en épocas de vacas flacas…

En cualquier caso: la idea que a mí me mueve a estar metido en esto es volver a recuperar la confianza en las instituciones, sentirme representado por los políticos que nos piden el voto, que haya más transparencia, que las políticas no estén al servicio del dinero, sino de las personas, que haya una mayor concienciación política. Y que nos traten como interlocutores válidos: para eso hace falta que maduremos políticamente entre todos, que seamos conscientes de hasta dónde podemos llegar con fundamento.

Tenemos que ser más listos que ellos y eso pasa por darnos cuenta primero de que ya tenemos instrumentos para hacerlo: nuestra capacidad de movilización y los mecanismos de ejercicio de la democracia directa que ya existen y que debemos empezar a utilizar más eficientemente. Hay que confiar más en la palabra y respetar a las personas: los insultos, las descalificaciones, las agresiones, no son más que piedras contra nuestro propio tejado y nunca medios eficaces en nuestra lucha.

No nos deslegitimemos a nosotros mismos perdiendo la paciencia. Lo peor que nos podría pasar es que nos dejáramos contagiar por la prisa que se nos quiere meter con la presión policial, mediática y política. Tenemos que ser conscientes de que somos un movimiento en proceso de maduración y que podemos llegar lejos si vamos despacio. Ellos están nerviosos, pero nosotros nunca podemos perder la calma. Si jugamos al juego que ellos quieren, perdemos seguro.

Ni todos los políticos son iguales, ni todos nosotros somos violentos. #15msinviolentos

Resulta como mínimo escalofriante que alguien que cobra 38.000 € brutos al mes tache de delincuentes a los desahuciados y parados que están protestando delante del Parlament dificultando la entrada de los parlamentarios catalanes. El grito coreado vuelve a ser: “no nos representan”. Y cada vez que se grita se tiene más razón. Porque efectivamente es así: ¿representa a la ciudadanía una mayoría parlamentaria que decide un recorte social que afectará a la totalidad de la ciudadanía? ¿No se debería consultar antes a los ciudadanos mediante referéndum si realmente aceptan los recortes? Es difícilmente admisible que sigamos llamando representativas a este tipo de políticas: porque la mayoría parlamentaria no es igual a un cheque en blanco y porque las decisiones que tan drásticamente afectan a la totalidad de la ciudadanía no deberían tomarse en virtud de pactos de partido. Una vez más se pone en evidencia la falta de democracia real en nuestro estado. Volvemos a lo mismo: lo llaman democracia y no lo es; es oligocracia (gobierno de unos pocos), que no nos sigan engañando. No hay más que ver que los mismos que ponían de manifiesto hace un mes que los recortes ponían en peligro el Estado del Bienestar son los que ahora se abstienen para que salgan adelante, como resultado de pactos de partido.

Esperadnos: porque no olvidamos que los que están queriendo sacar adelante hoy unos presupuestos que prevén recortes en servicios básicos, son los mismos que han decidido la contratación de personas para cargos de confianza hechos a medida y con aumentos de sueldo que no son para nada compatibles con la política de austeridad que se predica.

Seguiremos insistiendo, aunque una vez más ocurra lo de siempre: se hablará mucho más de la tensión y la violencia de los manifestantes y no de la falta de legitimidad democrática de los recortes que se están generalizando en una Europa al servicio del Euro.

Excusas. Como sabemos ya muchos, Felip Puig ordenó el violento desmantelamiento de la acampada de la Plaza de Cataluña de Barcelona sobre la base de dos argumentos: la salubridad y el peligro que suponían las estructuras y el equipamiento de la acampada (las bombonas son el ejemplo que más subrayó en la rueda de prensa del viernes). Una burda manipulación del interés general y una actuación desproporcionada de los Mossos para limitar el derecho fundamental de reunión, que ha sido criticada hasta por colectivos tan “sospechosos” como la Unión de Oficiales de la Guardia Civil.

La ocupación de plazas ha sido una de las acciones que más visibilidad ha dado al movimiento de protesta y reivindicación de una sociedad más justa y democrática en esta primera fase. No la única: el medio de la plaza pública comparte su protagonismo con la red. Ambas son caras de la misma moneda, ambas son generadoras del caldo de cultivo del que ha surgido el movimiento de protesta. La red tiene la virtud de conectar lo distante, dinamizar la difusión de contenidos, la coordinación de las acciones a un nivel más global… La plaza contribuye a dar una visibilidad democrática al movimiento, posibilita el diálogo vivo y personal, dinamiza la concienciación y autogestión local y ciudadana… Son dos puntales inseparables de un mismo movimiento. Porque tanto lo que se haga contra el carácter público de la plaza como contra la libertad en internet afecta a este movimiento de concienciación y reivindicación ciudadana. Prueba de ello es la llamada a una “civilización” de internet que hizo Sarkozy en el eG8 Forum de París, que curiosamente ocurre en la misma semana en que Puig ordena de forma políticamente miope el desmantelamiento violento en Barcelona.

Excusas. Eso son en el fondo los argumentos aducidos por Sarkozy para justificar una mayor intervención del poder en Internet. Excusas y recurso al miedo: de la misma manera que Puig se apoya en el riesgo que comporta una concentración cívica para la salud pública y para el desarrollo normalizado de las violentas celebraciones de la victoria de un equipo de fútbol, Sarkozy (y otros) echan mano de la pedofilia, la privacidad y los derechos de autor para justificar la imposición de restricciones al actual funcionamiento de internet. Todo ello, además, en un contexto (el eG8 Forum) en el que se alaba la importancia económica de internet para los países del G8.

Los modos de argumentar tanto de Puig como de Sarkozy no difieren más que en la falta de tacto del primero. Pero en el fondo vienen a transmitir lo mismo: tanto internet como la plaza interesan al poder en tanto que son beneficiosos económicamente. Pero dejan de interesar en el momento en que son factores de crítica y medios de difusión de contenidos y propuestas. Por eso se recurre a la pulsión vía el miedo, a señalar la falta de seguridad, para limitar su uso a aquello que resulta económicamente rentable. Mientras nos sigan produciendo miedo sus advertencias, tendremos más de lo mismo: falta de regulación de lo económico y limitación de lo público. Los riesgos a los que apuntan, no son más que producto de su miedo al medio público, libre y democrático. De nuestro valor y sentido de la responsabilidad dependerá que sigamos lo suficientemente despiertos como para que sean ellos los que sigan teniendo miedo al medio.